El uso del masajes
es antiquísimo y tiene un lugar señalado en la historia
de las costumbres, pudiéndose aseverar que es un ejercicio
instintivo y que por lo tanto nació con el hombre.
En efecto, en la India y en China,
2700 años antes de nuestra era, ya se hablaba, según rezan
ciertos escritos de aquella época, de lo que llamaban amasamiento
higiénico, asociándolo a ciertas ideas de orden religioso.
Posteriormente, Hipócrates y Galeno ponderaban las excelencias
de este tratamiento, recomendándolo, sobre todo, como complementos
de los baños. Siguiendo la inspiracíon de estos maestros,
en Grecia y Roma se practicaba mucho el masaje para toda
clase de usos medicinale e higiénicos, empleándose varios
instrumentos para hacer más eficaz el esfuerzo de la mano.
Se cuenta de Julio César que en el baño se frotaba con tanta
afición con un instrumento en forma de cayado, que se había
llegado a producir callosidades en distintas partes del
cuerpo. De él refiere además Plutarco que consiguió curarse
una fuerte neuralgia en la pierna, haciendo que durante
algún tiempo un esclavo le practicara el masaje.
Los emperadores romanos tenían la costumbre de hacerse friccionar
y golpear el cuerpo después del baño por sus esclavos, no
sólo como medida higiénica, sino porque haciendo reaccionar
y activar la circulacíon de la sangre, aliviaban los dolores
que muchos padecieron como consecuencia de sus costumbres
sibariticas.
Después de las duchas frías, en el tratamiento de varias
dolencias, ha sido siempre indicado el masaje de golpeo. |